“Invertido, el musical”, de Leonel Videtta y Ernesto
Biasotti. Dir. Matías Pulido
En
Teatro Border (Godoy Cruz 1838 –
CABA)
por
Alberto
Maffía
El audio de la publicidad del “Conogol de Frigor” me dio un cachetazo en cuanto entré. Y después
seguimos con “No te borreeees, que te necesitamos…”
y “Dulce dulce, bana bana...”.
Todavía no me había sentado en la butaca y la obra, sin comenzar, me había ubicado
en tiempo y espacio; estábamos en la Argentina del Golpe de los Setenta
dispuesta a contar su historia.
Charly es un adolescente que transita su último año del
secundario en un estado de confusión absoluta: lo normal está prestablecido y
no hay posibilidad de apartarse de los mandatos ni de la norma; sus únicos
momentos de paz son en los que se encuentra a sí mismo frente al espejo. La
llegada de Martín, un nuevo alumno que ingresa al rígido sistema de educación privada
y religiosa, pondrá en duda todo su mundo y en crisis toda su existencia.
El protagónico de Constantino Canavese es exigidísimo y
él lo interpreta de manera eficaz y sensible; su catarsis en el clímax de la
obra, junto al estupendo Pedro Molina, es arrolladora. Otro personaje riquísimo
y muy bien delineado es el de Anita, esa novia de manual Kapeluz ochentoso a
quien de repente parece derrumbársele todo; la fragilidad con que transita el
camino de sus sueños hechos trizas es conmovedora y Belén Castelo añade una
importante cuota de empatía a su creación – el dueto con Cata Ciudad es un
momentazo.
El
director Matías Pulido maneja muy bien la sensibilidad del texto de Leonel
Videtta; uno ingenuamente va siguiendo el desarrollo del cuento y de pronto,
pumba, ¡queda hecho un mar de lágrimas! / y sin golpes bajos, lo cual es otra
virtud de la puesta.
Duración: 90´
Alberto Maffía
para “AMC CRÍTICA TEATRAL”
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